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Confesiones de Kimmy, por fin habló.

ADVERTENCIA: El presente artículo contiene material orientado hacia los adultos y lenguaje que puedes considerar obsceno. Si no superas la mayoría de edad de tu país, por favor abandona esta sección de mi blog, o Michael Jackson podria morir.


Hoy he salido antes de trabajar. No tengo ganas de regresar a casa. Vivo con mi novio. Que a saber que estará haciendo. Que le vamos a hacer. Vamos para allá.

Tengo tan mala suerte en la vida aunque no soy fea o gorda. Soy invisible para los buenos partidos. Por ejemplo, ese que viene por allí: ¡Pero que bueno que esta! Seguro que tiene un empleo, si me dijera algo de un solo le entregaría mi vida entera.

Ni me ha mirado.

Y así Kimmy se decía a si misma, callada, mientras caminaba hasta encontrarse con la puerta de la infame Casa 15 de Colina Blanca, un condominio donde vivía con su novio, en Santa Cocaína Pínula.

Cerro la puerta detrás de ella, y subió. Como solía subir las gradas, casi flotando con los tacones sobre la madera, al llegar al segundo piso tiró su bolsa en el sofá azul, desató su bufanda mientras se acercaba a abrir la puerta del estudio, giró la chapa…

¡Ah! ¡Ah! ¡Ahhhh!, gemía el novio con un calzoncillo de rayas verdes y amarillas en los tobillos.

¿Pero que estas haciendo?

¡Te has masturbado con la foto de mi madre! le gritó furiosa.

-No me gusta para nada- el le dijo.

-Lo que pasa es que como siempre se esta metiendo conmigo, pues quería acabar mirándola a los ojos para vengarme- pronunció.

Tenia la voz hecha un espasmo imperceptible, casi sollozando.

Yo te quiero a ti –le insistió- Ella no me gusta, ni tu hermana. Perdona -le decía sollozando- No me denuncies a la policía.

A la mañana siguiente, un nuevo amanecer en la vida de las personas que estaban esclavizadas a un sueldo, sub-humanos que han renunciado a luchar por sus sueños. En la parada de la camioneta estaba William. Haciendo el mismo viaje de siempre al Centro Histórico de la comarca. Junto a el, estaba una chica blanca, buen cuerpo y cabello corto, cargaba unos zarcillos con forma de colmillo de plata en las orejas, un top blanco y una bolsa de tela típica tejida a mano, las nalgas no muy grandes apenas alzaban una leve curva por detrás de la lona de su mini-falda.

Kimmy se preguntaba, muy seguido últimamente: ¿Que pasaría por la mente de su novio?

Intentemos imaginarlo.
¡Que rico culito! Me gustaría penetrárselo. Pero no se lo puedo decir.

¿Como hace la gente para iniciar una conversación?

Siempre me enamoro de las chicas que veo en la camioneta, como no las conozco, me imagino que son perfectas. Nunca me he atrevido a hablar con ninguna.

-¿Que hora será?- le pregunté.

No ves que no llevo reloj, me respondió tajante.

Que puta, seguro que es lesbiana, pensé. Le hice la parada a la camioneta que esperaba. La sesenta y nueve. Aunque ya nada me sorprende, ella también subió.

A veces las mujeres huelen a flores con flujos vaginales.

¿Porque la gente hará como que no te ven adentro de la camioneta?

Si es un espacio reducido donde no cabe pero ni un poco de aire fresco y es mas que obvio que estas parando enfrente, que nos invadimos el espacio y quisiéramos perdernos con tan solo voltear a ver a otro lado. Entre tanta sobadera.

¿No preferirían que el que esta al lado les masturbase?

No entiendo porque la sociedad mira feo el masturbarse en público.

Dejé de pensar, porque se acercaba mi parada. Acostumbrado a bajarme con la camioneta aun en movimiento, debía tener mis cinco sentidos bien despiertos, especialmente el de trotar hacia atrás y apagar el identificador de pedos.

Esquivando la venta de dobladas al lado de los Cines Capítol estaba cuando sentí que unas manos me jalaron y me metieron a un lugar oscuro.

Hola, hola. ¿Quien esta allí?

Tienes que matarla, bebe… se escucho una voz que provenía del fondo, era una mujer iluminada por una candela roja con la llama temblando, a punto de expirar, que me acercaba una taza a la boca.

Bebe, yo se quien es tu novia, bebe -me decía casi al oído, una anciana indígena con un trapo amarrado en la cabeza, a quien por fin logre verle la cara, muy arrugada, se veía tan áspera, cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad que en nada le ayudaba la lumbre de la candela que temblaba mientras se acercaba a mi, quise cerrarlos para abrirlos después y se fue.

Otras veces he tenido que aguantarme la tembladera de patas, pero esta vez no me la aguante tanto y te juro que quería tenerlas quietas, pero me temblaban.

-Yo solo quería venir a ver los retablos- le dije.

Todos tus males son culpa de tu novia. Ella es la culpable de que no hayas ganado un premio de literatura. Ella es la culpable de que hayas perdido tus calzoncillos favoritos. Me dijo susurrando con una tétrica voz que sonaba salida de ultratumba, como el gemido de un feto muerto enterrado en las catacumbas.

-Usted esta loca- respondí.
Bebe, y luego… mátala.
-Usted esta loca. ¿Que es lo que me tengo que beber?- pregunté.

Atol de macho cabrío. Tienes que matarla. Volvió a decirme la voz como un frágil susurro repitiéndose en el eco de las paredes húmedas y frías.
Ella es la culpable de que no tengas éxito. Es una subhumana. Tienes que matarla.

-Usted esta loca. Usted esta loca.-

¿Crees en los ojos brillantes de la Virgen? Me preguntó con una voz que apenas pude escuchar.

Tienes que matarla. Tienes que matarla.

Siguió resonando el eco al fondo de la catedral. La vieja indígena comenzó a convulsionar, echando un liquido blanco viscoso que inundo todo el recinto con olor a cloro.

Salí corriendo para la casa y pase mudo por dos horas hasta que regreso Kimmy de trabajar.

OPINIONES

¿Que pensas? de “Confesiones de Kimmy, por fin habló.”

El monstruo del Blog se alimenta de comentarios y este tiene mucha hambre...

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